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sábado, 1 de agosto de 2020

ESCRITOS PARA REFLEXIONAR


NO SE ALEJEN
Un día el maestro preguntó:

- ¿Por qué grita la gente cuando está enojada?.

Los monjes pensaron

- Porque perdemos la calma - dijo uno de ellos, por eso gritamos.

- Pero ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado?

Nadie dijo nada, al final el maestro dijo:

- Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enojados estén, más alejados estarán, y más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro.

Luego el maestro preguntó:

- ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran?.

- Se hablan suavemente, porque sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña.

Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, pues llegará un día en que la distancia sea tanta que no podrán encontrar el camino de regreso.

MEHER BABA

domingo, 29 de enero de 2017

ESCRITOS PARA REFLEXIONAR: SAMUEL ARANGO



SAMUEL ARANGO (IMAGEN DE LA RED)
Los hombres maduros de ahora hemos llegado a una edad maravillosa en la que emprendemos el camino del desaprendizaje.
Fuimos criados con la creencia de que debíamos ser los mejores en todo: mejores estudiantes, mejores esposos, mejores profesionales, mejores padres, etc. Fuimos educados con la creencia de que todo es pecado. Ha llegado la hora del desaprendizaje o lo que mi hija llama graciosamente el importaculismo.
Ha llegado la hora de decir NO en muchas ocasiones, de mandar al carajo los compromisos y las obligaciones. Pasó la hora de las responsabilidades desvelantes. Ahora nos gusta estar solos, disfrutar buenas conversaciones con gente que no nos insulta y que cree lo mismo que nosotros o que no le importa que opinemos diferente. Es la hora de hablar de todo sin necesidad de sostenerlo como medio de defensa. Es hora de ver películas, de estar en una finca durante la semana, de leer, de escuchar, de sonreír y de burlarse de la mayoría de los mortales que viven pendientes de las pendejadas.
Nosotros demostramos que las responsabilidades fueron bien atendidas por nosotros, que hicimos las cosas lo mejor posible, que dejamos huellas, que somos buenas personas.
Lo que nos queda de vida es para nosotros, para disfrutar, para cumplir el mandamiento divino de amarnos a nosotros mismos. Por eso vamos a hacer lo que nos da la gana. Viajar al máximo, tomando café con amigos y amigas, conversando con todo el que nos encontremos.
Ya pasó la época de los roles. Lo que fuimos, fuimos, ahora somos para nosotros mismos sin tener que rendir cuentas a nadie. Los demás seguirán su camino de responsabilidades y de afanes, de preocupaciones y nerviosismos.
Nosotros ahora estamos por encima del bien y del mal. Vamos a museos, asistimos a conferencias y si no nos gusta nos salimos sin que nos importe, redescubimos al Quijote y a Fernando González.
Ahora asistimos con mayor frecuencia a entierros y nos damos cuenta de que se aproxima el nuestro, pero estamos preparados, pues al fin y al cabo vivir es mortal. Dios es para nosotros una profunda experiencia interior, lejos de mitos, ritos, limosnas y pecados sin fin. Es la hora de empezar a relajarnos y de conversar largas horas con Dios, que es el único que permanece siempre, ahora y después de que abandonemos la nave del cuerpo.
Nos rodean pocos seres a quienes amamos profundamente y que seguirán viviendo sus propias experiencias, estemos nosotros o no. Mandaremos para donde sabemos a la gente que nos molesta, la tóxica. Quienes nos buscan sin egoísmos van a encontrar una sonrisa, una mirada tierna y comprensiva, un consejo acertado o no, afecto.
Somos ahora sí libres de ataduras, de prejuicios, de creencias. Somos libres si no le tememos ni a la vida ni a la muerte.

CORTESÍA DE :  http://padronel.net/

miércoles, 30 de septiembre de 2015

ADELANTE, SIEMPRE ADELANTE






Arriesgué y perdí el miedo a fracasar. ¿Cómo no descubrí antes que únicamente fracasa cuando no lo intentas?
Me encontré a mi misma y dejó de preocuparme estar sola.
Creí en mí, y perdí el miedo al rechazo a los demás. Sin duda, la fe en ti es más poderosa que cualquier opinión.
Aposté por la verdad y perdí el miedo a la fealdad de las mentiras.
Crecí  cuando descubrí que el dolor es necesario para prosperar.
Me reí de mí misma y perdí el miedo al ridículo.
Confié en la sabiduría que te da el día a día y envejecer dejó de ser una preocupación. Aposté por el futuro y perdí el miedo a las heridas del pasado.
Contemplé la belleza de la luz de una estrella  y olvidé el terror a la oscuridad.
Y volé el día que contemplé cómo hasta la mariposa más hermosa necesita pasar por una complicada metamorfosis antes de alzar sus alas.
¡Que bonito es saber que la alegría y la esperanza siempre están ahí, incluso detrás del sacrificio!
 Y no olvides que si alguna vez no eres feliz al final de un momento duro, es que aún no ha llegado el final.
DESCONOZCO AL AUTOR

jueves, 20 de agosto de 2015

JUSTICIA SALOMÓNICA





Un hombre demandó a un leñador. Demandante y demandado se presentaron ante el juez. El demandante dijo: Señoría demando a este leñador porque, después de vender toda la leña cortada en una jornada, no quiere darme la parte que me corresponde. Pero si es él quien ha cortado la leña responde el juez sorprendido, ¿qué es lo que has hecho tú para que deba entregarte parte del dinero?. Yo lo he animado con mis gritos de aliento, explicó el demandante. Mis gritos le han estimulado para cortar más leña de la habitual y, por lo tanto, ha conseguido más dinero. El juez se quedó pensativo. Unos instantes después sentenció: Es justo lo que reclama la parte demandante leñador, dijo dirigiéndose a éste, que se había quedado estupefacto con las primeras conclusiones del juez. Entrégame la bolsa con el dinero, pues voy a darle lo que le corresponde al demandante. Una vez tuvo la bolsa de monedas en la mano, el juez la agitó vigorosamente produciendo un gran ruido con las mismas. Dijo: ya te he pagado lo que te corresponde. El leñador recibió el sonido de tu voz y tú recibes el sonido del dinero.
 Debido a la codicia, muchas personas tienden a aprovecharse de los demás, explotarles o robarles, dando la espalda al menor sentimiento de ética o virtud.
Desconozco al autor