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viernes, 29 de mayo de 2015

MIS ANÉCDOTAS 29







Estábamos de vacaciones en el camping Joyel de Noja en Cantabria y ya solo nos quedaba un día así que decidimos aprovecharlo y nos marchamos al pueblo de Isla, este pueblo se puede ir andando cuando la marea está baja ya que el agua te llega hasta las rodillas pero cómo era por la tarde nos fuimos en coche por carretera y así inspeccionábamos un lugar que nos habían dicho que estaba muy bien y que desconocíamos. Nada más llegar aparcamos decididos a investigarlo todo. La idea era elegirlo de vacaciones para otro año si nos gustaba así que comenzamos con toda ilusión el recorrido. 
No habían pasado ni 5 minutos cuando una pareja un poco más jóvenes que nosotros, nos paran y nos saludan preguntándonos cómo estábamos, pero al mirar solo a mi marido yo pensé que eran conocidos de él pero no me los presentó  y aunque este hecho es ya de por sí  algo sospechoso yo quise  pensar que fue un despiste  que más tarde yo se lo reprocharía. 
La conversación entre los dos hombres va cogiendo cada vez más confianza hablando de las maravillas del lugar y que era la primera vez que ellos  iban allí, ella entonces nos dice que quiere enseñarnos  el hotel donde se hospedan y la habitación , yo pensaba:  “caramba pues se tienen que conocer mucho” así que nos dirigimos al hotel y nos entran a su habitación y comienzan a enseñárnosla elogiando todo . Yo ya me estaba cansando pues la cosa se alargaba y mi interés por recorrer el lugar no se iba a cumplir viendo la hora que era. Decidimos salir de la habitación pensando en que ya era hora de despedirnos y decirnos adiós cuando para mi sorpresa el “supuesto amigo” nos dice de tomar algo en la cafetería del hotel y cómo insiste mucho mi marido acepta &%$?%&¿ . Nos sentamos en la terraza y llega el camarero para anotar nuestras peticiones, cómo soy muy discreta cuando me invitan pido el refresco más sencillo y barato, igual hace mi marido, la señora al ver nuestras peticiones pide lo mismo y al llegar el turno al “supuesto amigo” este pide un helado de varios pisos con todo tipo de decoraciones cada cual más apetitosa…….a mí se me hicieron los ojos “chiviritas” pues me encantan los helados  y creo que a los demás también pues aunque mi marido y yo nos callamos discretamente la mujer  del “supuesto” no pudo evitar decir “pero que morro tienes”……………..
Consumimos todo y me imagino que el “interfecto” del helado arquitectónico quedó más  que complacido con semejante obra de arte que se metió entre pecho y espalda. La conversación no paraba y ya se estaba haciendo demasiado tarde, pues anochecía , así que mi marido dijo de irnos y al ver que nadie llamaba al camarero lo llamó él y en vista de que el otro no hacía mención de pagar pues también pagó mi sufrido marido que si lo llego a saber me pido una “obra arquitectónica helada” con más pisos y más adornos . 
Nos despedimos y salimos huyendo, una vez lejos le pregunto a mi marido quienes eran y por qué no me los había presentado y me dice que no sabía que a lo mejor sería alguno que hizo la mili con él pero yo le contesté que imposible pues eran algo más jóvenes que nosotros, entonces dijo que podrían ser del pueblo próximo al nuestro al que mi marido solía ir con frecuencia. Por supuesto que se nos fastidió nuestro recorrido investigativo del lugar y regresamos con esa sensación de amargura y decepción al haber malgastado nuestras últimas horas de vacaciones con unos desconocidos un tanto cara dura. Pasaron los años y mira por donde nos trasladamos a vivir a ese pueblo cercano y maravilloso llamado Fuenmayor ( donde sigo viviendo) del que mi marido suponía que podían ser. Resultó que a los pocos días y dando un paseo por el pueblo los veo y para mi sorpresa ni nos saludan. A lo largo de los 13 años largos que hace que vivo aquí me los he encontrado infinidad de veces y jamás han vuelto a saludarnos algo que por supuesto les agradezco pues hubiera resultado un tanto peligroso para nuestro bolsillo un nuevo encuentro con esta pareja  tan singular.