Estábamos de vacaciones en el camping
Joyel de Noja en Cantabria y ya solo nos quedaba un día así que decidimos
aprovecharlo y nos marchamos al pueblo de Isla, este pueblo se puede ir andando
cuando la marea está baja ya que el agua te llega hasta las rodillas pero cómo
era por la tarde nos fuimos en coche por carretera y así inspeccionábamos un
lugar que nos habían dicho que estaba muy bien y que desconocíamos. Nada más
llegar aparcamos decididos a investigarlo todo. La idea era elegirlo de
vacaciones para otro año si nos gustaba así que comenzamos con toda ilusión el
recorrido.
No habían pasado ni 5 minutos cuando una pareja un poco más jóvenes
que nosotros, nos paran y nos saludan preguntándonos cómo estábamos, pero al
mirar solo a mi marido yo pensé que eran conocidos de él pero no me los presentó
y aunque este hecho es ya de por sí algo sospechoso yo quise pensar que fue un despiste que más tarde yo se lo reprocharía.
La
conversación entre los dos hombres va cogiendo cada vez más confianza hablando
de las maravillas del lugar y que era la primera vez que ellos iban allí, ella entonces nos dice que quiere
enseñarnos el hotel donde se hospedan y
la habitación , yo pensaba: “caramba
pues se tienen que conocer mucho” así que nos dirigimos al hotel y nos entran a
su habitación y comienzan a enseñárnosla elogiando todo . Yo ya me estaba
cansando pues la cosa se alargaba y mi interés por recorrer el lugar no se iba
a cumplir viendo la hora que era. Decidimos salir de la habitación pensando en
que ya era hora de despedirnos y decirnos adiós cuando para mi sorpresa el “supuesto
amigo” nos dice de tomar algo en la cafetería del hotel y cómo insiste mucho mi
marido acepta &%$?%&¿ . Nos sentamos en la terraza y llega el camarero
para anotar nuestras peticiones, cómo soy muy discreta cuando me invitan pido
el refresco más sencillo y barato, igual hace mi marido, la señora al ver
nuestras peticiones pide lo mismo y al llegar el turno al “supuesto amigo” este
pide un helado de varios pisos con todo tipo de decoraciones cada cual más
apetitosa…….a mí se me hicieron los ojos “chiviritas” pues me encantan los
helados y creo que a los demás también
pues aunque mi marido y yo nos callamos discretamente la mujer del “supuesto” no pudo evitar decir “pero que
morro tienes”……………..
Consumimos todo y me imagino que el “interfecto” del helado
arquitectónico quedó más que complacido
con semejante obra de arte que se metió entre pecho y espalda. La conversación
no paraba y ya se estaba haciendo demasiado tarde, pues anochecía , así que mi marido dijo de irnos y al ver que
nadie llamaba al camarero lo llamó él y en vista de que el otro no hacía
mención de pagar pues también pagó mi sufrido marido que si lo llego a saber me
pido una “obra arquitectónica helada” con más pisos y más adornos .
Nos
despedimos y salimos huyendo, una vez lejos le pregunto a mi marido quienes
eran y por qué no me los había presentado y me dice que no sabía que a lo mejor
sería alguno que hizo la mili con él pero yo le contesté que imposible pues
eran algo más jóvenes que nosotros, entonces dijo que podrían ser del pueblo
próximo al nuestro al que mi marido solía ir con frecuencia. Por supuesto que se
nos fastidió nuestro recorrido investigativo del lugar y regresamos con esa
sensación de amargura y decepción al haber malgastado nuestras últimas horas de
vacaciones con unos desconocidos un tanto cara dura. Pasaron los años y mira
por donde nos trasladamos a vivir a ese pueblo cercano y maravilloso llamado
Fuenmayor ( donde sigo viviendo) del que mi marido suponía que podían ser.
Resultó que a los pocos días y dando un paseo por el pueblo los veo y para mi
sorpresa ni nos saludan. A lo largo de los 13 años largos que hace que vivo
aquí me los he encontrado infinidad de veces y jamás han vuelto a saludarnos
algo que por supuesto les agradezco pues hubiera resultado un tanto peligroso
para nuestro bolsillo un nuevo encuentro con esta pareja tan singular.


