Poema inspirado en un piropo real que me dijeron en mi juventud en Zaragoza cuando me dirigía a mi trabajo. Llevaba puesto un abrigo verde y me hizo tanta gracia que nunca lo he olvidado y el resultado han sido estos versos.
Una pena que ya no estén de moda los piropos y que encima los consideren cómo un insulto hacia la mujer algo que a mi me parece absurdo.

