Tengo una musa traviesa
que le gusta trasnochar
y me viene a despertar
cuando del sueño soy presa.
Me levanto diligente
para poder escribir
lo que me viene a decir
a hora tan imprudente.
Aunque me sienta fatal
seré fiel a esa llamada
que hace de madrugada,
no me gusta quedar mal.
Sin mi musa nada soy,
es fuente de inspiración
se entrega con devoción,
donde ella acude, allá yo voy.
Quiero ser agradecida
y con total cortesía
le rindo mi pleitesía
¡Seas siempre bienvenida!

