EN UN MADERO CLAVADO
Alzo mi vista y veo
en un madero clavado,
tu cuerpo tan lacerado
que al mirarte yo deseo
¡Ay, ignorante osadía!
poder subir a la cruz,
impregnarme de tu luz
y ayudarte en tu agonía.
Me postro ante ti, Señor,
y, con total devoción,
te presento mi oración
para pedir sin temor.
¡Qué pretensión la mía!
ofrecerte mi consuelo
para alcanzar ese cielo
que me ofreces este día.
Al contemplar con fervor
a mi Cristo agonizante,
quisiera por un instante
hacer mío su dolor.
¡Ay que ilusa pretensión!
que solo en la adversidad
me acerco con humildad
para sentir compasión.
Mi Jesús, hoy moribundo
conociendo tu indulgencia,
a tus pies pido clemencia,
por los pecados del mundo.
¡Que infinita es tu bondad!
Y a tal extremo amaste
que al verdugo perdonaste
y le diste tu amistad.




