con la sonrisa en su rostro
y rodeado de amigos
entra en Jerusalén
montado en un borriquillo,
¡es el fin de su destino!
Es recibido con palmas
y vítores de alabanza,
es el pueblo quien aclama
al Mesías que esperaban
poniendo en Él su esperanza
de que el invasor se vaya.
Pocos días pasarán
de tal cordial bienvenida,
otro será su clamor
¡pedirán muerte inmediata!
gritando llenos de rabia,
no entendieron su llegada.
ANTES DE ESPERAR NADA
PRIMERO HAY QUE ENTENDER
LO QUE DICEN SUS PALABRAS.
SU REINO NO ES DE ESTA TIERRA
VINO AL MUNDO A REDIMIRNOS
Y CON SU MUERTE NOS SALVA.



