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sábado, 19 de enero de 2013

MIS ANÉCDOTAS 19




 LOS CHORIZOS

Viví  casi 10 años fuera de España y aunque me adapté muy bien al país y a su cocina siempre extrañaba comidas españolas cómo el chorizo, el jamón, el salchichón o los caracoles. Un año en que vine a visitar a la familia, me regalaron unos chorizos caseros  y compré unos botes de caracoles para llevármelo todo aún a sabiendas de que el chorizo estaba prohibido pasarlo por la Aduana. Cuando llegó el momento de hacer las maletas , llevaba dos, envolví muy bien los chorizos para asegurarme de que no olieran, pues ya se sabe que  tienen un olor que alimentan, y los escondí dentro de unos calcetines al fondo de una de las maletas y muy en la superficie y también envueltos, los botes de los caracoles. Durante el viaje de 8 horas en avión no paraba de pensar en mi “tesoro” comestible:  que pasaría si me lo pillaban en la Aduana, así que estaba bastante nerviosa cuando aterrizamos. Llegó el momento de coger las maletas y pasar por la Aduana,  yo mantenía la esperanza de que me mandaran pasar sin registro o a lo sumo me pidieran que abriera la maleta que no había nada.  Al aduanero le dije cuando me preguntó que no tenía nada que declarar……me mira y me pide que........ ¡¡¡¡abra la maleta de los chorizos!!!!! En ese momento sentí que el mundo se me venía encima ¡vaya mala suerte la mía!!  Ya me ví sin mis chorizos y encima multada por ocultar “material peligroso”; cómo pude la abrí y se debió de notar que estaba nerviosa pues además me entró un sudor tremendo cuando el hombre metió la mano entre la ropa  y sacar uno de los botes (la conserva si que se podía pasar ) el hombre lo cogió y lo estuvo mirando sin saber que era y entonces me preguntó……..yo nerviosilla le expliqué lo mejor que pude que eran unos caracoles en conserva,  el hombre me miró extrañado pues no sabía que estos animalitos nos los comíamos en España, y  para mi sorpresa me pidió que cerrara la maleta y que pasara….yo salí deprisa , en ese momento ni sentía el peso de mis maletas (en esa época no las había con ruedas)estaba convencida  que pensó que mis nervios eran debido a esos botes y que por eso no siguió buscando creyendo que ese era todo el “botín” que guardaba. Al final tuve suerte y a pesar de registrarme la maleta del “tesoro comestible” no me lo descubrieron. Cuando llegué a casa ya me sentí aliviada pero pasé tan mal trago que me juré no volver a pasar dichos manjares por más que me gustaran. Claro que por eso no dejé de  comer  y con mucho gusto estos,  para mí, manjares…………Hay que ver lo bien que saben los alimentos más normales cuando vives en un sitio que no los tienen.