LOS CHORIZOS
Viví casi 10 años fuera de España y aunque me
adapté muy bien al país y a su cocina siempre extrañaba comidas españolas cómo
el chorizo, el jamón, el salchichón o los caracoles. Un año en que vine a
visitar a la familia, me regalaron unos chorizos caseros y compré unos botes de caracoles para
llevármelo todo aún a sabiendas de que el chorizo estaba prohibido pasarlo por la Aduana.
Cuando llegó el momento de hacer las maletas , llevaba dos, envolví muy bien
los chorizos para asegurarme de que no olieran, pues ya se sabe que tienen un olor que alimentan, y los escondí
dentro de unos calcetines al fondo de una de las maletas y muy en la superficie
y también envueltos, los botes de los caracoles. Durante el viaje de 8 horas en
avión no paraba de pensar en mi “tesoro” comestible: que pasaría si me lo pillaban en la Aduana,
así que estaba bastante nerviosa cuando aterrizamos. Llegó el momento de coger
las maletas y pasar por la Aduana, yo
mantenía la esperanza de que me mandaran pasar sin registro o a lo sumo me
pidieran que abriera la maleta que no había nada. Al aduanero le dije cuando me preguntó que no
tenía nada que declarar……me mira y me pide que........ ¡¡¡¡abra la maleta de los
chorizos!!!!! En ese momento sentí que el mundo se me venía encima ¡vaya mala
suerte la mía!! Ya me ví sin mis
chorizos y encima multada por ocultar “material peligroso”; cómo pude la abrí y
se debió de notar que estaba nerviosa pues además me entró un sudor tremendo
cuando el hombre metió la mano entre la ropa y sacar uno de los botes (la conserva si que
se podía pasar ) el hombre lo cogió y lo estuvo mirando sin saber que era y
entonces me preguntó……..yo nerviosilla le expliqué lo mejor que pude que eran
unos caracoles en conserva, el hombre me
miró extrañado pues no sabía que estos animalitos nos los comíamos en España,
y para mi sorpresa me pidió que cerrara
la maleta y que pasara….yo salí deprisa , en ese momento ni sentía el peso de
mis maletas (en esa época no las había con ruedas)estaba convencida que pensó que mis nervios eran debido a esos
botes y que por eso no siguió buscando creyendo que ese era todo el “botín” que
guardaba. Al final tuve suerte y a pesar de registrarme la maleta del “tesoro
comestible” no me lo descubrieron. Cuando llegué a casa ya me sentí aliviada
pero pasé tan mal trago que me juré no volver a pasar dichos manjares por más
que me gustaran. Claro que por eso no dejé de
comer y con mucho gusto estos, para mí, manjares…………Hay que ver lo bien que
saben los alimentos más normales cuando vives en un sitio que no los tienen.

